No hay, en esta guía, el precio de casarse
La pregunta «cuánto cuesta una boda en España» tiene un titular en casi cada revista de febrero y casi ningún enlace a una estadística pública. El Instituto Nacional de Estadística publica bodas: cuántas se celebran, en qué mes, a qué edades. No publica el precio medio del menú ni el del fotógrafo. Esta página no va a rellenar ese hueco con una cifra de un sector que vive de presupuestar bodas. Si no se puede citar, no se presenta como dato. Lo que sí se puede hacer es sumar partidas y dividir entre invitados, que es una cuenta, no una media nacional.
El ejemplo, editable de arriba abajo, usa 6.000 € de espacio y menú y 2.000 € de todo lo demás. Total, 8.000 €. Con 80 invitados son 100 € por persona. Si el menú en realidad son 85 € y hay un mínimo de 100 cubiertos, el ejemplo ya no vale y hay que escribir 8.500 € solo en esa línea, antes de sumar la música. El método aguanta. El 100 €, no, en cuanto cambias un presupuesto.
Las partidas que mueven el total
Espacio y menú suelen ser la línea grande, porque se multiplican por cabezas. Pide el precio por adulto, el precio por niño y el mínimo de cubiertos. Una barra libre que «va incluida» deja de ir incluida a partir de una hora: pregunta la hora. El resto —alianzas, ropa, peluquería, invitaciones, flores, foto, música— cabe en una segunda línea solo mientras lo estés estimando. En cuanto tengas dos presupuestos, sepáralo. Una foto de 1.200 € escondida dentro de «2.000 € de resto» impide ver que te has pasado solo en eso.
El alojamiento de quien viene de fuera, si lo pagáis vosotros, es otra boda en pequeño. No lo dejes fuera para que el coste por invitado salga redondo. Los invitados que pagan su hotel no entran. Los que duermen en un apartamento que reservasteis a vuestro nombre, sí. La luna de miel es otro presupuesto, con otras fechas. Sumarla «para tener el número gordo» mezcla un viaje con un convite y luego no sabes cuál de los dos se pasó.
El invitado que no se sienta también cuesta
Hasta la fecha en la que el local te deja bajar cubiertos, la lista de invitados es una lista de posibles. Después es una factura. Presupuestar con los que «seguro que vienen» y firmar con los que invitaste es la diferencia entre 80 y 100 cubiertos al mismo precio. Usa el número del contrato. Si esperas bajas, negocia antes de qué fecha se pueden restar, y deja esa fecha escrita. Una baja de diez personas el día anterior, en un contrato cerrado, son diez menús pagados. El coste por invitado que de verdad se sentó sube, y el total no baja.
Los niños con menú distinto se cuentan aparte. Diez menús infantiles a 30 € menos no son un detalle: son 300 €, que en el ejemplo equivalen a tres invitados adultos. Merece la pena una línea. Las mesas de proveedores —fotógrafo, música— a veces se cobran y a veces no. Pregúntalo. Dos cubiertos de más durante toda la noche no salen en la lista de invitados y sí en la factura.
Cómo bajar el total sin fingir que da igual
Bajar invitados baja el menú si el contrato lo permite, y no baja las alianzas ni el vestido. Quitar la barra libre a partir de una hora baja una partida concreta. Pasar la foto a menos horas baja otra. Cada recorte tiene que decir qué deja de ocurrir. Un «ya apretaremos» sin una línea tachada no es un recorte: es una esperanza. La calculadora, con las partidas separadas, enseña el efecto de tachar una. Táchala de verdad en el presupuesto, no solo en la conversación.
El dinero que os dan en sobres no resta el menú en el momento de contratar, porque todavía no lo tienes y porque una parte de la gente no lleva sobre. Si quieres una previsión, hazla aparte y con una hipótesis baja. Restar 100 € por invitado «porque es lo que se suele dar» vuelve a inventar una media, que es justo lo que esta guía no hace. Cuando el sobre exista, es un ingreso de ese día, no un descuento del contrato firmado tres meses antes.
De la cuenta al día, sin una segunda boda de imprevistos
Cierra las partidas grandes primero. El local condiciona la fecha, el número y a veces la música, si hay un horario de ruido. Con el local firmado, el resto cabe o no cabe. Seguir mirando fincas cuando el menú ya se comió el tope es cómo se llega a un segundo préstamo. Si hace falta aplazar, se aplaza la fecha, no se financia el centro de mesa en una tarjeta. Una cuota revolving sobre un convite es la forma más cara de invitar a cenar.
Hay un organizador de boda, de pago único, enlazado desde la calculadora, para quien quiera las partidas en una hoja y no en una nota. No hace falta comprarlo para usar la cuenta de esta página. Hace falta, en cambio, no tratar un ejemplo de 8.000 € como si fuera el precio del país. No lo es. Es una suma que tú puedes cambiar esta misma tarde, en cuanto tengas el primer presupuesto con membrete.