Empieza por el dinero que llega, no por el que te gustaría
El presupuesto se construye con el neto: lo que entra en la cuenta después de la Seguridad Social y del IRPF. Dos nóminas de 1.400 € y 1.100 € no son 2.500 € de bruto ni 2.500 € para gastar si una de ellas es en 14 pagas y este mes no toca extra. Anota el líquido de un mes normal y, en otro renglón, las extras y las pagas de verano, para no vivir doce meses como si junio se repitiera. La calculadora de sueldo neto sirve si todavía no tienes la nómina delante o si estás negociando un sueldo y solo te han dicho el bruto.
Suma solo ingresos repetibles. Una venta de Wallapop o la devolución de la renta no son sueldo. Si las metes en el presupuesto mensual, el mes siguiente nace ya roto.
Tres bloques, no treinta categorías
La regla 50/30/20 parte el neto en necesidades, deseos y ahorro. Es un punto de partida, no una ley. En una ciudad con alquiler caro el 50 % de necesidades se queda corto y es más honesto escribir 65/20/15 durante un tiempo que fingir un 50 % que no existe. Lo que no ayuda es tener cuarenta categorías el primer día. Empieza por vivienda, suministros, comida, transporte, hijos, deudas, ocio y ahorro. Cuando una de esas líneas te sorprenda durante dos meses, la partes.
La vivienda es la línea que decide el resto. Una referencia prudente es que el alquiler o la cuota de la hipoteca no pasen del 30-35 % del neto del hogar. Por encima, el presupuesto se aguanta solo si no se estropea nada. La cuota se calcula en la calculadora de hipoteca antes de enamorarte del piso, y los impuestos de la compra, que no van dentro de la cuota, en la de gastos de compraventa.
El ahorro se aparta el día 1
Si el ahorro es lo que queda el día 28, el ahorro es cero. Programa una transferencia el día que cobras, aunque sean 50 €. El fondo de emergencia, de tres a seis meses de gastos fijos, va delante de cualquier inversión. No está para rentabilizar: está para que una avería no sea un préstamo al 7 %. Cuando exista, el siguiente euro puede tener un objetivo con fecha. La calculadora de ahorro para un objetivo dice la cuota. Si no cabe en el bloque de ahorro, alarga el plazo. No recortes la comida para mantener una fecha que elegiste un domingo por la noche.
La inflación hace que el mismo fondo de emergencia se quede corto. Una vez al año, revisa los gastos fijos y súbelos. La calculadora de inflación no te dice tu alquiler, pero te recuerda que un euro de hace tres años ya no compra la cesta de entonces.
Deudas: el mínimo es necesidad, lo de más es ahorro
La cuota obligatoria de un préstamo es una necesidad, tan fija como la luz. Lo que amortices por encima del mínimo es ahorro, y suele ser el ahorro con más rendimiento si el TIN es alto. Mira el coste real en la calculadora de préstamo antes de aceptar «solo son 40 € más al mes». Cuarenta euros a siete años son mucho interés. Prioriza la deuda más cara, no la más pequeña, salvo que una victoria pequeña te ayude a no abandonar: las dos estrategias existen y la cara de verdad es la del tipo más alto.
El mes que no cuadra
Habrá un mes de cumpleaños, de seguro del coche o de inicio del cole. No es que el presupuesto haya fracasado: es que esos gastos son anuales y los trataste como sorpresa. Divídelos entre doce y apártalos como si fueran un suministro. El seguro de 480 € son 40 € al mes que no ves hasta que llegan. Lo mismo con la comunidad si la pagas de golpe, o con el IBI.
Cuando un mes te pases en ocio, no castigues el siguiente duplicando el recorte. Anota la causa, ajusta una línea y mantén la transferencia de ahorro. Un presupuesto que solo funciona si no vives se abandona en febrero. Uno que se revisa el día 1 dura. Y si los ingresos son de autónomo, usa un sueldo fijo que te pagas a ti mismo, calculado con la cuota ya restada, no la facturación del mes bueno.
Una hoja de un hogar con 2.400 € netos
Entran 1.400 € y 1.000 €, los dos líquidos, en doce pagas. Las extras de verano se apuntan fuera, para el IBI y el seguro. De los 2.400 €, un alquiler de 750 €, comunidad incluida, más 120 € de suministros, 400 € de comida y 150 € de transporte suman 1.420 € de necesidades. No es el 50 %, es el 59 %, y está bien escribirlo así. Quedan 980 €. Si apartas 300 € el día 1, quedan 680 € para todo lo que no es obligatorio: ropa, ocio, un regalo, la cuota del gimnasio. Si el gimnasio y las plataformas ya suman 80 €, el ocio de verdad son 600 €, no 980 €. Verlo escrito evita la discusión de fin de mes.
El fondo de emergencia, con 1.420 € de gastos fijos, pide unos 4.300 € para tres meses y unos 8.500 € para seis. Hasta llegar ahí, los 300 € no se invierten en nada que pueda bajar. Cuando el colchón existe, una parte de los 300 € puede tener objetivo: la entrada, el máster, amortizar el préstamo del coche si su TIN es alto. Cada destino con su transferencia, no un montón único del que se tira cuando apetece. Y en junio, cuando entre la extra, no se reescribe el presupuesto del mes: se usa para lo que ya estaba apartado, o se suma al colchón. Un presupuesto que se reescribe cada vez que entra un dinero extra no es un presupuesto.
Revísalo el día 1, quince minutos, con el extracto del mes anterior al lado. Si una línea se ha desviado dos meses seguidos, cambia la línea, no te culpes. El presupuesto describe tu vida. Si la vida ha cambiado (un hijo, un alquiler nuevo, un sueldo distinto), la hoja cambia con ella. Lo que no cambia es el orden: primero el neto que de verdad entra, después lo fijo, después la transferencia de ahorro, y al final lo que se puede elegir. Cuando ese orden se mantiene, el mes cuadra aunque el porcentaje no sea 50/30/20.